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Reflexiones

A quien juega a perderte, déjalo ganar – Sergio Melchor

Definitivamente hay muchas personas perdidas en la vida.

Personas confundidas, sin saber qué pasar en su historia con su pareja.

Muchas veces andan por la vida sin saber realmente dónde están parados.

Por eso, a quien juega a perderte déjalo ganar.

¿Y sabes por qué?

Porque tú no mereces un amor así, tú no mereces un amor a medias, tú no mereces días en que te quieran y otros en los que no te quieran.

Porque quién juega contigo no te merece, y si hay algo que nunca debemos perder en la vida, sin duda es la dignidad.

Ya lo dijo alguna vez Chaplin: “Tuve miedo de perder a alguien especial en mi vida, y al final, terminé perdiéndolo; pero sobreviví”.

Cuántos de nosotros podemos sentirnos identificados con estas palabras.

Realmente, yo sé que todos, porque todos tuvimos miedo de perder a alguien muy especial para nosotros en algún momento de nuestra vida.

Incluso algunos hicieron hasta lo imposible porque esas personas se quedarán, pero se fueron, perdimos todos a esas personas.

Muchos ya lo vivimos, sabemos lo que es tener miedo de perder a alguien y perderlo.

Aunque es un proceso realmente muy doloroso, yo sé que sobrevivimos.

Aprendimos el dolor de la ausencia, y comprendimos muchas cosas que quizás en su momento, ni siquiera nos pasaban por la cabeza.

¿Y sabes por qué nos pasa todo esto?

Porque nuestro cerebro está programado para buscar y recibir apoyo.

Necesitamos seguridad afectiva en cada uno de nuestros vínculos, ya sea en nuestros vínculos familiares, de amistad o nuestros vínculos de pareja.

Déjame decirte otra cosa, que también es muy importante, y a pesar de que a muchos no les agrade el siguiente término, a nivel neuronal existe una clara evidencia que el ser humano es emocionalmente dependiente.

Pero ojo, no debemos de verlo como algo malo o como algo negativo, como un anclaje total y absoluto hacia una o varias personas, no.

Hablo de nuestra necesidad de sentirnos amados, de nuestra necesidad de sentirnos respetados, pero, sobre todo, que podemos contar con esa persona en cualquier momento de nuestra vida.

Sobre todo, momentos más complicados, en esos momentos más difíciles.

Construir una relación basada en un juego de fuerzas, donde hay uno que siempre gana, es algo realmente muy doloroso y muy desgastante.

Estar con una persona adicta a hacer promesas que no cumplen u ofrecer un amor siempre interesado es tan desgastante que, el primero que resiente todo esto, es nuestro cerebro.

Es ahí cuando empiezas a vivir el estrés, y el estrés, no es más que una reacción biológica instintiva que nos está alertando de que algo no está bien en nuestra vida.

En ese momento, se fragmenta por completo nuestro interior, ese esquema donde dábamos por sentado algo tan elemental como: “Quien te quiere te respeta”, “Quien te ama te es leal, te ofrece apoyo, cercanía y seguridad”.

Pero si no sentimos esto, si no lo percibimos, estaremos de inmediato en un ciclo marcado por la desconfianza, por la inseguridad y por la ansiedad.

Todos sabemos que el éxito en una relación depende de muchas cosas, pero una de ellas, sin duda, es la capacidad para dar y recibir apoyo.

Si uno de los dos no se involucra, o deja las necesidades del otro en un segundo plano, la relación se irá lentamente a la deriva.

Y por curioso que te parezca, este tipo de realidad no son tan fáciles de ver.

Quiero decir, que en ocasiones algunas personas juegan con nosotros, y ni siquiera nos damos cuenta.

Nos usan como peones en un tablero, donde hay un rey o una reina que van devorando una por una todas nuestras ilusiones, todas nuestras esperanzas, nuestros sueños y nuestras fortalezas.

Cuando esto pasa, ocurre por dos factores muy concretos, muy claros…

Cuando dos personas se unen en una relación, se crea algo mucho más grande que sus dos miembros, es un sistema, es como una esfera llena de complejas dinámicas que nos trascienden.

Y donde a su vez, también le conferimos características a veces demasiado idealistas, nos decimos a nosotros mismos que esa relación es la definitiva, que esa relación en la real.

Y yo sé que te ha pasado, y sé que en este momento estás recordando todas estas relaciones, o todas esas personas que pensaste que serían a definitiva y que no fue así.

Es que idealizamos demasiado, tanto, que muchas veces nosotros no somos capaces de ver nuestra realidad.

Pero hacemos eso porque nuestra mente así lo necesita, ansiamos sentir seguridad afectiva y psicológica en nuestra vida.

Necesitamos saber o sentir que no se irán, que se quedarán con nosotros para siempre, y es así cuando comenzamos a idealizar muchas cosas más.

Idealizamos viajes, planes, una casa, un hogar, hijos y sin embargo, día a día es idea perfecta se va esfumando con pequeñas dinámicas y actitudes.

Como el desprecio, la indiferencia, la decepción o el chantaje emocional.

Pocas personas pueden reaccionar la primera, ver y sentir estos primeros golpes en su realidad, son muy pocas.

Y esto ocurre porque el cerebro está programado para resistirse al cambio, y hará uso de razonamientos pocos adecuados, como pensar que esto es temporal, que seguro va a cambiar, o que si te quiere se dará cuenta que te está haciendo daño.

Pero no es así, el sistema que nos contiene se debilita día a día, hasta que llega un momento en que no puede más y se derrumba.

Y es ahí cuando debemos ser capaces de irnos a tiempo, para no convertirnos en las cenizas de un triste juego, donde tristemente fuimos perdedores.

Por eso quien te quiere no juega contigo.

No debemos dejarnos engañar, el amor no es un juego, y quien juegue a perdernos debemos dejar que ganen; porque créeme, es lo mejor que podemos hacer.

Y no por esas personas, no por ellos, sino es lo mejor que podemos hacer por nosotros; porque, al fin y al cabo, también nosotros seremos ganadores.

Habremos ganado nuestra dignidad, nuestra autoestima y nuestro valor como personas, y eso es más importante, porque al final de todo, todas las cosas se superan.

Incluso las personas, incluso aquellas que creíamos inolvidables, y llegará un día que sin darnos cuenta dejaremos de nombrar, dejamos de pensar, pero lo más importante, dejamos de esperar.

El dolor de soltarla te durará un tiempo, pero la satisfacción de haber hecho lo correcto, te durará toda la vida.

Por eso y muchas cosas más, a esa persona que en este momento está jugando a perderte, déjala ganar.

Si te gustó, me gustaría conocer tu opinión acerca de lo que piensas, acerca de este tema.

¿Alguna vez dijiste basta y lograste soltarte de esa persona que no te merecía?

Si fue así, qué sentiste o cómo lo hiciste.

Desde ya, muchas gracias por abrir parte de tu corazón y compartirme tu vida.