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Reflexiones

Tus hijos te tienen a ti

Hace mucho tiempo, por 1975 en Argentina, había un congreso sobre esquizofrenia.

Porque había aparecido en el mundo una droga muy importante: “Haloperidol”.

Que hasta ese momento se usaba solo experimentalmente, y que estaba revolucionando el campo de la psiquiatría; especialmente de los pacientes con esa enfermedad.

Una enfermedad muy grave, que padece casi un 1% de la población; es una cifra muy grande.

Estaba, en el congreso, un médico psiquiatra que había estado en el diseño de la droga; y traía toda su experiencia con la droga.

Entonces, cuenta el caso de un paciente, un esquizofrénico que estuvo muy grave, con muchos síntomas y estuvo ingresado en un hospital psiquiátrico durante casi 6 años.

Él decía, frente a 2500 médicos, que por alguna razón se había ilusionado con sacar a ese paciente adelante.

Porque era joven, porque se llamaba como su propio hijo adolescente, porque su historia era terrible, porque lamentaba mucho haber perdido una vida como esa dentro del campo de lo que sirve; vaya a saber por qué.

Entonces, en este intento de sacarlo de ese estado, hasta ese momento, él había hecho de TODO con ese paciente.

El mismo lo cuenta, dice que hizo cosas probadas y no probadas, comas insulínicos, electroshocks, todo tipo de medicación, terapia familiar…

Había hecho, decía el mismo, las cosas más espantosas del mundo; y lo había hecho con absoluto compromiso para intentar ayudarlo.

Pero el paciente recaía, recaía y recaía.

Hasta que un día, el paciente, salió de su brote esquizofrénico, de su estado de perdido y empezó a conectarse con el mundo; especialmente con él primero y luego con los demás.

Y así empezó a compensar su esquizofrenia.

Él no sabía cual de las cosas que había hecho era lo que lo había ayudado, entonces pensó que la única manera era preguntarle a él, al paciente, que ya estaba lúcido.

Entonces, un día, le dice:

– Mire, le tengo que hacer una pregunta para ayudar a otros. Por favor le pido, de todas estas cosas que hemos hecho juntos, ¿Cuál cree usted que es la que más lo ayudo?

El paciente le dijo:

– Mire doctor, estos años usted ha hecho las cosas más horribles conmigo y yo no tenía voz ni siquiera para oponerme. Usted ha hecho de mí una piltrafa, a abusado de mí, de mi cuerpo, de mi cabeza y lo he odiado muchas veces por las cosas que me hizo. Pero ya que usted me lo pregunta, yo le voy a decir. A mí lo único que me ayudo a volver fue: El interés que usted puso en mí.


No hace falta que alguien te diga cómo debes educar o criar a tus hijos, porque te tienen a ti; que por algo estás aquí, leyendo y buscando conocimientos para ser un mejor padre o madre y buscando sabiduría para poder acompañarlos en su propio camino.