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Reflexiones

Triste historia de dos amigos

Enero, 15

Imagino que ya iniciaste clases y qué agobio con el trabajo; a todos nos pasa a veces.

Ojalá pronto podamos hablar, tengo que contarte muchas cosas.

¿Cómo te fue en navidad y en año nuevo?

Llamé para saludarte, pero no te encontré, qué lástima…

Quería contarte lo bien que la pasé y todos los propósitos que espero cumplir este año.

Marzo, 17

Aún no sé de ti, y aunque te mando muchos emails, nunca me respondes.

Es posible que tengas muchas ocupaciones… ya sé, lo más probable es que te hayas tomado las merecidas vacaciones de las que me hablaste hace cinco meses.

¿Recuerdas que te dije que la playa era preciosa? Y ese hotel del que me contaste, tiene que ser hermoso.

Ojalá te lo estés pasando bien.

Mayo, 8

Ayer me sucedió algo terrible, y no tengo a nadie a quién contarle.

Te llamé, pero sólo escuché tu voz en la contestadora.

Dejé un pequeño mensaje, ojalá y no se borre.

Me gustaría mucho poder contarte el gran problema que tengo, ya sé que es imposible encontrarte en tu casa a esta hora.

Pero como tú decías, yo siempre hago una tormenta en un vaso de agua.

Tal vez mis problemas no son tan agobiantes como los que tú tienes.

Julio, 27

¡¡Feliz cumpleaños!!

Te he llamado dos veces.

Tu mamá y hermanos me dicen que aún no llegas de la escuela y que por la tarde tienes tu trabajo y, pues, hasta la noche te puedo encontrar.

Solo quiero decirte que te deseo lo mejor, y que me gustaría seguir siendo parte de tu vida por muchos años más.

Septiembre, 17

¡¡Recibí tu email!!

El chiste estaba gracioso.

No sé si te enteraste, pero, estuve unos días en el hospital… nada grave, un pequeño dolor de cabeza.

Algo así como la migraña que siempre has padecido.

El doctor quiere hacerme un estudio para estar seguros de que todo va a estar bien.

Yo le digo que “Hierba mala nunca muere”.

Aunque en el fondo, siento una profunda tristeza.

Octubre, 12

Ayer fue mi cumpleaños, comprendo que lo hayas olvidado.

Hace tiempo que no hablamos, y bueno, tú tienes mucho que hacer.

Esperaba que llamaras para decirme: “Te estás haciendo viejo.”

Pero por más que el teléfono sonó, no eras tú.

Sabes, desde mis días en el hospital, me siento algo débil, tal vez sea porque he estado comiendo mal.

Ahora recuerdo que es época de exámenes, lo más seguro es que estés batallando con álgebra y por eso no me llamaste.

Octubre, 20

Algo me funciona mal, está en mi cabeza, el doctor dice que necesito quimioterapia antes de que avance más mi problema.

Yo digo: “Saldré adelante, confío en Dios”.

Pero, mis papás están muy preocupados…

Ojalá tuvieras tiempo de llamarme…

Noviembre, 30

¡¡¡Quimioterapia es lo peor!!!

Mi cabello se empieza a caer, tengo muchas náuseas y casi ni me levanto de la cama.

Mis uñas se caen en pedazos… ¡Mis uñas!

Si me vieras ahora creo que no me reconocerías, baje de peso y casi he perdido la mitad de mi pelo.

Quisiera poder verte pronto.

Enero, 11

Al fin, ahora estoy descansando de todo.

Superé mi cabellera y mis uñas volvieron.

No más náuseas, ni dolores.

Desde aquí puedo ver lo que haces.

Sé que no te has enterado de lo que sucedió, hoy conociste a alguien que lleva el que era mi nombre… ¿Curioso no?

Recuerdo que siempre me decías que mi nombre era extraño, y tú pensaste: “¿Hace cuánto que no le hablo?”

Marzo, 11

Mes que te enteraste. ¿Trágico no?

Hoy visitaste mi tumba y me llevaste tulipanes, mis flores favoritas.

Estuviste hablando con la placa que lleva mi nombre mientras recordabas nuestras aventuras, te vi llorar.

Me hubiera gustado estar ahí para abrazarte, consolarte, y limpiar tus lágrimas.

Sin embargo, ya no lo estoy.

Pero estoy feliz, solo me entristece saber que tú no lo estás.

Y no es cierto eso que dices, siempre fuiste un buen amigo.

Abril, 19

No te culpes por eso, a veces, uno está tan agobiado que se le olvida respirar.

Es cierto lo que dices, mientras aprietas esa foto nuestra cuando íbamos juntos a la escuela.

Cuántas cosas vivimos juntos y cuántas cosas quisiste contarme.

Perdiste la oportunidad… sí, es cierto.

Desperdiciaste el tiempo en cosas que tal vez no eran tan importantes como pensabas.

Yo no te culpo, aún aprecio el tiempo en el que fuimos amigos, y si volviera a tener la oportunidad de repetir todo, no lo pensaría dos veces.

Pues sabría que al final, todo sucedió para que mi amigo reaccionará y viviera su vida sin preocuparse por cosas sin importancia.

Para mí, siempre serás mi amigo… Mi mejor amigo.


Permíteme unos minutos más para recordarte que le digas a ese amigo lo mucho que lo quieres y lo importante que es para tí.

No te tomará más de dos minutos, y sé que se alegrará de leerte.

Porque tal vez, tal vez, mañana sea tarde.